Mujer, cambio climático y la toma de decisiones.

OPINION

Por Laura Frost

La introducción de una perspectiva de género en la problemática del cambio climático es relativamente reciente. Sin embargo, los efectos del mismo son desproporcionados para aquellas poblaciones más vulnerables que, por lo general, se encuentran sobrerepresentadas por mujeres.

El fenómeno de feminización de la pobreza es una realidad dentro del modelo de hiperdesarrollo capitalista, que afecta a un 70% de las mujeres del mundo. Las tareas de búsqueda de agua o leña, el cultivo de alimentos o el cuidado de niños y ancianos recaen principalmente en la mujer, que se verá profundamente afectada por el cambio climático, siendo aún más sometida, a elementos de desigualdad que impedirán su acceso garante en igualdad, no solo a la supervivencia, sino a la vida en general.

El cambio climático también provocará un incremento de las migraciones de las comunidades menos favorecidas del globo, siendo las mujeres las que tendrán más dificultades en el traslado que ya ellas asumen un 90% de los cuidados en general.

Pero además en las ciudades, donde los niveles de emisiones de gases que aceleran el problema, son muy altos, los efectos se sufrirán con mayor intensidad, sobre todo en aquellas áreas y sectores que poseen menor capacidad para evitar los efectos directos o indirectos del cambio climático: barrios donde impera la infravivienda, niños, niñas y ancianos, al poseer menos capacidad para resistirse a las enfermedades, y mujeres, las grandes cuidadoras que además soportan discriminación salarial, horarios extremos y triple jornada laboral.

Concentracion_Cambio_climatico_2_prensaSin duda, el cambio climático exacerba la discriminación de género y por tanto, se hace necesario que todas aquellas propuestas que se pongan en marcha relacionadas con el clima no estén orientadas a incrementar estas desigualdades, sino todo lo contrario.

En el marco de la COP21, que tendrá lugar a finales de noviembre de 2015 en París, se plantearán numerosos argumentos y estrategias, así como líneas programáticas encaminadas a avanzar en la lucha contra el cambio climático, lo cual no deja de resultar interesante, pero sobre todo deseable. No obstante, a mí, como activista ecofeminista, me surgen muchas preguntas al respecto.

¿Cómo será posible que la interlocución profunda en este debate acuciante se desarrolle con perspectiva de género si los procesos de toma de decisiones en relación al cambio climático siguen estando protagonizados por hombres?

La desigualdad en participación y acceso a contextos de toma de decisiones y poder es profundamente llamativa. Los datos hablan por sí mismos: entre los años 2000 y 2010 solo el 30 % de las delegaciones de los países en las cumbres sobre cambio climático estaban lideradas por mujeres. Además, por ejemplo en el Parlamento Europeo, solo el 17% de los ministros lo son y siendo además, tan solo, el 19% de los miembros del parlamento mujeres.

Es más que evidente que existe una diferencia entre tener voz y tener poder, y eso se traduce en que las prioridades de las mujeres en el marco de su relación con la naturaleza y el vínculo ecodependiente e interdependiente, que se establece con la misma, no llegan a ser reconocidas a nivel institucional, ni político. No obstante, y sin lugar a dudas, la participación de las mujeres en los procesos de consulta y toma de decisiones es absolutamente esencial para la generación de estrategias y medidas para la mitigación del cambio climático. Pero, ¿es esto posible si no existe igualdad real?mujer-agua

El debate feminista se encuentra profundamente afectado ahora mismo en esos límites. ¿Qué hemos conseguido hasta ahora? ¿Es suficiente? ¿No será un espejismo?

Es importante para mí abundar en tal asunto desde la interconexión y la sonoridad. Desde el reconocimiento de esa desigualdad global para aterrizar en la microrealidad donde podemos, como mujeres, ofrecer otro modelo de sociedad y un vínculo con nuestro medio, partiendo de los parámetros de protección, equidad y respeto.

Si las instituciones sociales son influencia notable de nuestro bienestar y nuestras opciones de vida, ¿cómo es posible que sea la voz masculinizada y heteropatriarcal la que protagonice el seno de las mismas?

No asistimos a una sociedad igualitaria, la equidad está muy lejos de haber sido conseguida, los cambios realizados son parciales y están profundamente contaminados de un modelo patriarcal que no se rinde ante su esfuerzo por conservar un estado privilegiado. En este sentido, para mí, capitalismo y patriarcado van de la mano, siendo necesario introducir un análisis en cruz, desde abajo a arriba y desde el género, para comprender qué está impidiendo que las estructuras cambien o incluso se reconstruyan en nuevos espacios.

Las mujeres seguimos alejadas de los espacios reales de toma de decisiones políticas, que son las que afectan directamente a la población, en este caso concreto en materia ambiental. Y paradójicamente, son las ciudades –las líderes en emisiones– las que albergan las instituciones y espacios, donde se decide sobre el medio natural en general y las poblaciones en particular.

mujer-cambio-climaticoEste modelo de desarrollo es violento, y perpetúa una relación contractual profundamente desequilibrada con la naturaleza y con el 50% de la población, que somos las mujeres, para prolongar su crecimiento desaforado sin respetar los límites reales de nuestro planeta. Por eso urge dar una respuesta, contundente y clara. Una respuesta que pasa por la deconstrucción de modelos relacionales, afectivos, económicos, sociales y políticos discriminatorios y utilitaristas que provocan catástrofes sociales, además de naturales. Y está en manos de las mujeres y en nuestra capacidad colectiva –como parte de la mitad de esta sociedad– dar una respuesta al cambio climático, desde el trabajo por la igualdad real. Y para ello, es imprescindible por tanto, el empoderamiento de las mujeres y el acceso al poder en las instituciones.

Las mujeres, como colectivo, dentro del respeto de nuestras individualidades pero desde la sonoridad de los objetivos comunes, tenemos la obligación de militar en la esperanza, la ilusión y en la alegría, pero sobre todo tenemos la obligación de no desistir, de no desfallecer en el intento.

La COP21 puede convertirse en un escenario importantísimo, sino crucial, donde hacer llegar nuestra voz con garantías y donde presionar a los gobiernos para asumir directrices y protocolos absolutamente urgentes y necesarios. ¡Aprovechémosla!

Laura FrostLaura
Responsable Ecofeminsmo e Igualdad
de EQUO Sevilla

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